LA CREACIÓN EN OCHO CÓMODOS PASOS. JORNADA SÉPTIMA


Hubo cena con vino y muchos brindis, sí. Sobremesa con chupitos de crema de orujo, y una euforia por los resultados alcanzados que desembocó en gin-tonics hasta la madrugada.

De modo que, al salir el sol, la mitad de Yahvé que más había currado estaba que se caía de cansancio, y decidió marcarse una espléndida sesión de sueño hasta la hora de comer. Una señora siesta del carnero mientras su complemento se tomaba con una calma muy notable la preparación de la tradicional paella dominical (1).

Estaba el durmiente entre dos sueños, regodeándose en la pereza de quien no tiene qué hacer, cuando se oyó el zumbador del telefonillo. Sin incorporarse del todo en el lecho se dio una voz:

—¿Puedes atenderlo? Estoy muy cansado, y necesito dormir un poquito más.

—Sí, ya voy.

«¿Quién será a estas horas, un domingo? Los hay desconsiderados. Casi que voy a replantearme la política de accesibilidad para un futuro.»

En medio de estas disquisiciones, le sobrevino el sopor, y ya estaba gozando del placer de desconectar del mundo, cuando una mano lo agarró del hombro, y le dio unas sacudidas.

—Despierta yo. Tienes visita.

—¿Cómo? ¿No puedes atenderlos, yo?

—No. Insisten en que tienen que ver al responsable directo de la creación.

—¿Tienen? ¿Cuántos son? ¿Y qué son?

—Son dos humanos, varón y mujer. Que dicen venir en nombre de la SGAE y del Registro de la Propiedad Intelectual, respectivamente.

»Al parecer en nuestro afán de dar nombres a las cosas que creamos, tú has violado alguna patente, o algo así. Vienen a negociar una compensación económica a cambio de no llevarnos ante la Justicia».

—Bueno. Diles que esperen un momento. Me acicalo un poco, y voy con ellos. A ver si negociamos una salida honrosa.

—Vale. Pero date prisa. Al arroz le falta nada y menos. Además, dentro de media hora ponen «Pretty Woman» en Tele5 y me apetece verla otra vez.

Y con esas palabras se despidió, y salió de su habitación.

Él, por su parte, se dio aún unos instantes para valorar la situación.

«¡Humanos! «Y los creé a mi imagen y semejanza. Hombre y mujer los creé…» Voy a tener que revisar mi plan original con respecto a la humanidad. Mezquinos y molestos… ¡se van a enterar estos!»

Se apresuró a levantarse, echarse una túnica por encima, y chapuzarse la cara con agua. Los despacharía con rapidez. No soportaba el arroz pasado, y tenía la costumbre de no perderse ninguna reposición de «Pretty Woman», él tampoco.

(1)N. del A. Sí, ya sé que según la versión hebrea de la biblia esto sería un sacrilegio, porque el Sabbath, el día de descanso semanal, es sagrado, y no se pega chapa. Pero mi espíritu castizo me dicta que recurra a la paella, como signo de identidad del día de fiesta. Ruego disculpas a los lectores más concienciados o rigoristas. Tienen toda la razón al torcer el gesto.

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