Del cielo a Madrid: las precuelas. Y 2

Y, tratándose de precuelas, ¿cómo iba a faltarnos esta historia? Con este « A-Marte» se pusieron los cimientos para la maravillosa colaboración con Carmen Villarejo (en plan «tanto monta…»), que eclosionó en el Sainete. Carmen: esta balsa es tu casa. Siempre tendrás tu hueco, y yo la idea de que contigo «lo mejor está porSigue leyendo «Del cielo a Madrid: las precuelas. Y 2»

HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. V

Volvía Esaú del trabajo, todo cansado y sudoroso. Solo quería darse una buena ducha, y sentarse a cenar frente al rollo de pergamino que un esclavo hacía girar lentamente. Enterarse de las noticias, leer alguna historieta que lo ayudase a evadirse, pasar el rato hasta irse al sobre. Según entraba en el patio de laSigue leyendo «HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. V»

Del cielo a Madrid: las precuelas. 1

No, las cosas no suceden porque sí. Ni los pesonajes de pronto aparecen en una historia como caídos del cielo. Bueno, Pocho-late un poco sí, la verdad… El caso es que ya habían pasado cosas antes de que Barbara y el extraterrestre se conociesen en la Plaza Mayor de Madrid en vísperas de San Isidro.Sigue leyendo «Del cielo a Madrid: las precuelas. 1»

HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. IV

Estaba Eva en el paritorio, pasando las de Caín propiamente dichas con los dolores del parto de su primogénito —aún no había anestesia epidural—, acordándose de la serpiente, la manzana y la madre que las parió. —Hijita: intenta relajarte un poco, que el crío saldrá más fácilmente—, le decía la comadrona. —Vamos, Eva. Haz casoSigue leyendo «HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. IV»

Del cielo a Madrid. Cuatro.

Resumen del capítulo anterior. Una jornada muy productiva para nuestros personajes. Verbena y siesta —nadie advirtió al bueno de Pocho-late de los riesgos de la limoná—, y tarde de misión cumplida para Barbara, y un recogimiento muy peculiar en un recinto sagrado.  Mas aún queda San Isidro por delante… ¡Y llegan refuerzos! —¡Vaya una rubia guapa,Sigue leyendo «Del cielo a Madrid. Cuatro.»

HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. III

—¡Simeón, no puedes hacerme esto! —Lo siento Abraham, pero ayer vendí el último. Si hubieses reservado… —¡Y yo de qué iba a saber que el Señor se me aparecería en sueños esta noche, y me pediría que le ofreciese un sacrificio? —Ya. Pues, solo puedo ofrecerte tórtolas, o conejos. Un novillo, si puedes esperar aSigue leyendo «HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. III»

Del cielo a Madrid. Tres.

Resumen del Capítulo Dos. Tras compartir cervezas, tapas y chocolate con churros / porras, dos extraños, que ya no los son tanto, han compartido una cabina de ducha y una nochecita animada en un hotel del centro de Madrid. Era la víspera de San Isidro. Hoy es el día del Santo, y la acción continúa.Sigue leyendo «Del cielo a Madrid. Tres.»

HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. II

Había sido una de esas noches de pasión que hacen estremecer el cosmos con los suspiros y los gritos de los amantes. Por un elemental sentido del pudor, los centinelas ante el pabellón del general, se alejaron unos pasos de sus puestos. Aunque fuese un incumplimiento de sus órdenes, les pareció de mayor gravedad laSigue leyendo «HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO. II»

Del cielo a Madrid. Dos.

Resumen del capítulo Uno. Anochecer de la víspera de San Isidro, Madrid. Una pareja de forasteros se encuentra en la Plaza Mayor. Cada uno con una misión que cumplir. Cerveza y bocadillo de calamares,  chocolate con churros en San Ginés. Él se echa su taza por encima; ella le compra una camiseta en una tiendaSigue leyendo «Del cielo a Madrid. Dos.»

HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO I.

—Me transformas el agua en sangre. Me llenas el reino de ranas y bichos, y me matas el ganado. ¿Qué diablos quieres ahora? —Que dejes a mi pueblo marchar. ¡Ah! Y un todoterreno, y pasta para gasofa, que ya estoy mayor para andar haciendo el cabra por el Sinaí. —¿Y dejas de joderme con lasSigue leyendo «HISTORIA SAGRADA CHUSCA SIN ORDEN NI CONCIERTO I.»